Sobre mí: 

Mis primeros pasos como monitor

Sin haberme interesado en especial nunca por el mundo de la educación, en verano de 2016 me apunto a un curso de monitor de ocio y tiempo libre con el objetivo de, en años posteriores, trabajar en campamentos de verano para costearme tanto mis estudios como mis vacaciones. Tras mes y medio de clases teóricas, llega la hora de buscar un lugar donde hacer la parte práctica del curso. A raíz de hablar con un amigo que se disponía a hacerlas en el grupo scout al que iban sus hijos, me pongo en contacto por primera vez en septiembre de ese mismo año con la Asociación Grupo Scout Hesperia 456.


Cómo convertirse en scouter

Y como en la mayoría de clases que uno recibe, donde realmente uno se desarrolla es saliendo del aula, el aprendizaje por la acción. Fui asignado a la sección de esculta, formada por chavales de entre 14 y 17 años, y tuve la oportunidad tanto de enseñarles distintas cosas como de aprender igualmente de ellos, así como del equipo de monitores del que formaba parte. Durante estos cinco meses descubrí la enorme diferencia que existe entre ser un monitor al uso y un scouter, quien además de conocer la metodología scout ha de ser una figura de referencia para los menores de los que es responsable.  


Ya tengo mi título... ¿Y ahóra qué?

Llega febrero y, una vez computadas mis horas de prácticas y al contrario que otros monitores en mi misma situación, decido alargar mi estancia en el grupo al darme cuenta de lo que había supuesto para mí esta experiencia. Por encima de las innumerables horas prestadas sin recibir ningún dinero a cambio y olvidándome del motivo inicial que me llevó a iniciarme en este ámbito, completo la ronda con la celebración del campamento de verano. Hoy, dos años después de entrar en el Grupo Hesperia 456 y afrontando mi tercer año consecutivo de scouter en la esculta, puedo decir con total seguridad que formar parte de esto es una de las cosas que más me llenan de satisfacción. 

¡Un saludo con la mano izquierda!